Rodrigo Echeverri

La olvidada nostalgia por la Guerra fría

Foto: ©Juan Osorio

Natalia Castillo: En la formación del artista, la suya en particular ¿Qué peso tiene la Academia Vs. la formación empírica?

Rodrigo Echeverri: Yo creo que la academia es muy importante, el espacio de la universidad en sí mismo, porque cuando uno empieza a ser artista tiene muchos prejuicios, muchos mitos alrededor del ser artista y del arte mismo, y la universidad ayuda a desmitificarlos. Uno llega con unas ideas muy románticas y el arte contemporáneo tiene dinámicas muy distintas a todo ese imaginario. El artista empírico no tiene la oportunidad de desarmar todos esos prejuicios y repite ciertas cosas. La academia muestra lo que hay que reelaborar, lo que hay que destruir para poder pensarse como un artista contemporáneo.

NC: ¿Qué opina de la incursión de lo Pop en el arte colombiano, qué referentes tiene, y cómo ha sido su relación con esta corriente artística?

RE: En mi trabajo no lo veo, pero en otros artistas sí está presente, como en Álvaro Barrios o Beatríz González, por ejemplo. En el caso de Beatríz González, a pesar de que la han inscrito mucho en el Pop Art, yo pienso que ella va un poco más allá, pues aunque toma imágenes de los mass media, de la televisión y de los noticieros, como que da un giro más y se sale de lo que es el Pop Art puro de artistas como Andy Warhol. El Pop Art como tal, me parece que fue un movimiento importante precisamente porque desmitificó el arte, lo puso en una nueva esfera, como en un lugar más humano, cercano a muchos públicos porque abandonó ese discurso grandilocuente que sí estaba presente en corrientes como el expresionismo abstracto o el arte abstracto. Fue una corriente que nos hizo entender que había una cantidad de imágenes que no eran consideradas arte, pero que estaban ahí, impactándote, o influyendo en tu vida, modificando tu forma de ver el mundo, de consumir, de pensar. Esos artistas nos hicieron conscientes de que esas imágenes te pueden influir o te pueden afectar más que el arte mismo.

NC: El ejercicio que usted realiza en Bibliografía, de intervenir libros como la Biblia o El Capital, podría compararse con la apropiación de íconos que se vio en el Pop Art y el ejercicio de desmitificación que señala…

RE: Desde ese punto de vista, pueda que sí. Todo el tiempo libros y teorías, bibliografías que están detrás de ciertos movimientos o políticas, te afectan directamente. Y cuando yo las cruzo con otras imágenes que, en teoría, son inocentes pero que en la realidad están cargadas de información e intenciones… como el James Bond que está dibujado en El Capital, no es para nada inocente, pues lo que propone el agente secreto es un mundo bipolar que es el comunismo y el capitalismo, los buenos contra los malos, eso de poner a unos y otros en un lugar para poderlos atacar o destruir. Entonces sí, se cumple ese juego que también está en el Pop, que no es para nada inocente y que está juzgando la aparente ingenuidad de las imágenes de la televisión, de los noticieros, del cine o de estos libros.

NC: Bueno, pues yo los llamo Los hijos de la Guerra fría…. en ese orden de ideas ¿cómo se identifica con la época en que nació?

RE: Pues es definitivo porque, como te decía, me marcó muchísimo. En Colombia ha habido como esas dos vertientes en el tema de izquierda o derecha y mis papás eran de izquierda, me inculcaron ciertos valores, o me enseñaron ciertas cosas y digamos que me inscribí en ese tema de ser de izquierda por una cuestión familiar y lo sigo manteniendo porque me parece más coherente con mi forma de pensar, pero pues todo se revalúa.

Cuando precisamente se acaba la Guerra fría, cuando cae el muro de Berlín, entonces ya el mundo empieza a ser una sola cosa homogénea, de hecho había un trabajo que nunca hice que se titulaba Nostalgia por la Guerra fría, era una nostalgia que tenía yo sobre esa época y a pesar de que fuera terrible o lo que fuera, era preferible tener dos opciones a una sola, ¿no? Ya ni me acuerdo qué iba a hacer, creo que tomaba muchas imágenes de esa época, videos, bueno, tengo que pensarlo porque podría ser bueno retomarlo. Esa época me marcó totalmente porque cuando cae el muro de Berlín, yo apenas tenía como quince años. La caída del muro no significó que se acabara la bipolaridad, eso continuó por varios años, pero sí, me marcó muchísimo pues mi familia era de izquierda, militantes del partido comunista.

NC: En algunos casos el entorno en el cual vive un artista lo conduce a que haga lo que se ha llamado “Arte comprometido”. ¿Qué opina del arte rotulado con ese nombre, y cómo se ve reflejado esto en su obra?

RE: Esa ha sido una pregunta compleja en los último años, porque realmente lo que puedes hacer desde el arte es bastante limitado. El sistema capitalista en el que vivimos, es un sistema de mercado, es decir de oferta y demanda en donde todo tiene un valor, un precio, y todo se puede comprar.

Entonces en esa medida el campo de acción del arte es muy limitado porque por más revolucionario o contestatario que pueda ser tu trabajo, llega al mercado del arte: a una feria, a una galería, a un coleccionista que lo compra y lo anula; entonces ese compromiso o ser comprometido puede estar en tu intención pero es muy fácil de desarmar. Actualmente hay una polémica con el tema de la colección Daros que inauguraron en Brasil, con obras de artistas colombianos que tienen ese rótulo de artistas comprometidos, pero finalmente una multinacional los devora y anula ese compromiso. Es un dilema ético estar dentro de una colección que tiene detrás una multinacional que tiene unos “peros” súper fuertes. Entonces, puede estar dentro de uno la intención de tratar de expresar ideas que te lleven a pensar o a reflexionar sobre problemáticas colombianas, pero el sistema es tan fuerte y grande que te absorbe. Por eso el impacto del arte es mínimo, frente a otras manifestaciones culturales o medios. Si lo hablamos en cuestión de rating, pues: ¿cuántas personas ven el noticiero todos los días y cuantas personas ven el arte en un año? En un día cinco millones de personas ven el noticiero y una exposición de arte en un año tendrá, no sé, cinco mil visitantes. Entonces ahí está el dilema. Yo pienso que uno más que pensar que pueda cambiar algo, está documentando ciertos hechos históricos desde su punto de vista y está ofreciendo unas opiniones desde su experiencia, desde su formación. Es una gran pregunta que no tiene una respuesta muy fácil, porque hay un sistema que está rodando y ponerle palos a esa rueda es difícil, e incluso por más que hagas un arte súper polémico también es absorbido fácilmente, y bueno, las cosas son así o eso es lo que he visto después de diez años que llevo trabajando en el mundo del arte.

NC: En ese orden de ideas ¿Tendría el arte alguna injerencia en la sociedad?

RE: Muchas veces se utiliza el arte para dinamizar ciertas cosas que incluso están por fuera del arte, no sé, podría uno pensar en el urbanismo… es una de las cosas que suceden con los artistas y es que, por ejemplo, y esto es muy puntual, en Nueva York es común que los artistas se tomen ciertas zonas deprimidas y empiecen a tener sus talleres ahí y empiezan a sanear, porque al ser el arte algo cool, la zona empieza a ser cool: empiezan a llegar galeristas, coleccionistas, personas que van a “invertir” y de una manera u otra reaniman la zona. Esto ya sucede incluso acá en Bogotá, y bueno, puede que no sea trascendental pero es un papel que se cumple. Entonces, digamos que el artista sí tiene la capacidad de modificar la manera en que se percibe el mundo, sucede en una esfera muy pequeña de acción, en un radio muy limitado, incluso las cosas que hacen los artistas o las maneras de ver el mundo que proponen, son casi que robadas por la publicidad, por la moda, que muchas veces toman lo que está pasando en el arte, las asimilan y las vuelven artificiales.

“SE LOS TRAGÓ LA TIERRA”, Rodrigo Echeverri. 2004

Quisiera uno que tuviera una mayor influencia, en otros países donde existe una mayor cultura de visitar museos e ir a exposiciones, la influencia puede ser mayor, pero en un país como el nuestro, en donde el acceso a la cultura es limitado, como lo es la educación o incluso la salud (cosas que son elementales) pues hay problemas mucho más grandes que lo que haga o deje de hacer un artista. Acá no se le ha dado un lugar al arte dentro del sistema educativo, no se le ha dado a la cultura la importancia que merece, nosotros, a diferencia de otros países, no tenemos espacio para el ocio, para ir a visitar exposiciones, pero digamos que eso es gradual y en la medida en que la sociedad se desarrolle cobrará más importancia.

NC: ¿Qué opina del mercado del arte en Colombia?

RE: Es muy joven y es un mal necesario, porque el apoyo estatal a las artes es limitado, entonces si no existe un mercado del arte pues los artistas no tendrían de qué vivir, sería complicado producir arte porque no tendrías con qué hacerlo, sería precario o tendrías que pasar muchas penurias para poderlo realizar.

Entonces, el mercado cumple un papel que es muy complejo, y tienes que ser muy consciente de lo que te está proponiendo. Estamos en un momento interesante de ese mercado del arte, pues cada vez hay más personas interesadas en ver y adquirir, incluso ya se puede pensar como una inversión. Y es atractivo porque crece no sólo aquí, sino en general en toda Latinoamérica.

NC: ¿Qué opina de los espacios y galerías alternativas, cómo cree que están funcionando actualmente y cómo influyen en los artistas?

RE: Son importantes, aunque me parece que a veces entran en conflicto o como que su estrategia es entrar en confrontación con los espacios comerciales.

Demonizan la galería, demonizan el mercado, pero bueno, digamos que es su carácter. Pero me parece que al entrar en esa confrontación tan directa, no terminan ganando mucho, porque como te dije, por mas anti todo que seas, siempre te pueden afiliar a algo o si no te pueden cortar. Podrían entrar en un diálogo más amigable con esos otros lugares establecidos del arte, para tender puentes y lograr una cosa más nutritiva.

NC: ¿Qué opina de la crítica de arte que se hace en Colombia y cómo ha sido su relación con ella?

RE: No sé si sea coincidencia, pero no me han dado tanto palo. A uno lo quieren y lo odian, pero no todos hablan. La crítica es necesaria, pero como en todo hay niveles de poder. Digamos que en estos momentos la persona con más poder en la plástica colombiana puede ser José Ignacio Roca, por el papel que desempeña a nivel internacional y por la persona juiciosa que es, no es de gratis el lugar que se ha ganado, obviamente me imagino que habrá tenido aciertos y desaciertos. No es la única voz, por suerte. Antes, cuando entró Marta Traba a Colombia ella tuvo que poner una frontera. Es parte de una estrategia para posicionar al arte colombiano frente al mundo, que es un poco la labor que está haciendo José Roca hacia afuera.

NC: ¿Qué es arte para usted?

RE: Esta conversación es arte. El arte te permite dialogar.

 

Bogotá, 27 de mayo de 2013
Casa del artista

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