Angélica Teuta

Todos tenemos una minita de oro adentro

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Foto: Sebastián Camacho

Natalia Castillo: Usted estudió artes en la Universidad Nacional, que es una facultad reconocida por el trabajo de profundización en las técnicas clásicas. ¿Cómo se inscribe o se desmarca su trabajo según esta formación?

Angélica Teuta: Creo que es bueno que haya esa profundización en las técnicas clásicas, porque desde primer semestre las mezclan con un taller central y con las clases de historia y teoría del arte, entonces a la par que aprendes escultura o pintura (cosas súper estrictas), tienes un taller central en donde aprendes a desaprender. Allí te muestran artistas contemporáneos, que en los primeros semestres para uno es una locura porque uno no entiende lo que hacen. Por ejemplo, yo tuve un profesora que se llamaba Trixialina, que venía de una familia alemana y manejaba procesos muy contemporáneos que uno no asimilaba muy bien, uno tenía una hoja de papel edad media, un vinilo negro y un pincel y le decía: haga una mancha, dibuje la cualidad de la mancha, y yo: pero qué es esta locura, pero a medida que uno lo comprende no es tan difícil desmarcarse de lo “clásico”, mucho menos para mí, que no venía de una formación fuerte en artes… es raro, era muy juiciosa pero nunca fui la mejor pintora, nunca fui la mejor dibujante, nunca fui la mejor en nada, yo simplemente era una persona juiciosa y constante. Ya en Taller 1 sí se concentran las ideas y ahí es donde empieza a confluir todo, lo que buscan los profesores ahí es develar tus gustos, o sea, lo primero (cosa que yo también hago con mis estudiantes) es saber qué es lo que te gusta y a partir de eso sacar tu propio proceso, es empezar a personalizar, que es lo que me gusta del arte porque es diferente a otras carreras en las que a todos los cortan con la misma tijera, a todos les enseñan lo mismo y tienen que tener un estándar de enseñanza, en cambio acá nadie está dando orden de enseñanza, cada uno se moldea según su propia personalidad. Para graduarme retomé una técnica clásica, la escultura, y fui afortunada de encontrar profesores importantes en ese proceso que me ayudaron a generar ese hilito.

NC: ¿Cómo quiénes?

AT: Para la obra que yo empecé fue importante Rosario López, ella era la profe de escultura. Yo acababa de llegar a Colombia, estaba viviendo en Israel, y me metí en la escultura. Fui la asistente de Rosario y la ayudé en algunas de sus obras… ella también tiene un vínculo con la fotografía y la escultura; ella ve la escultura desde la fotografía, yo quería hacer el vínculo al contrario: la fotografía vista desde la escultura. A ella le interesó mucho ese proceso y empezó a darme mucha información de artistas contemporáneos. Finalmente ella fue la directora de mi tesis, y pues bueno, fue esencial. Mario Opazo también fue muy importante para mí en el proceso de aprender a realizar un proyecto y en general fue una influencia muy cercana.

NC: En la formación del artista, la suya en particular ¿Qué peso tiene la Academia Vs. la formación empírica?

AT: Eso es algo que he pensando mucho. En mi caso la formación académica fue muy importante porque yo no tenía ningún recurso, como te conté mi familia no es una familia de artistas, así que la academia, como mi única fuente, fue la que me acercó al proceso y me permitió entender ese mundo. Pero una vez te gradúas, realmente lo que te hace ser artista no es la academia sino ese proceso autodidacta que se da por fuera, porque a ti te enseñan unas cosas y te sueltan, y luego depende de ti si sigues o no el proceso. Entonces, yo tuve la convicción de ser artista en la universidad, casi en el último semestre, pero ese “hacer” de ser artista fue netamente mío, en mi investigación. Los métodos y medios que yo trabajo todos han sido a partir de mi hacer, en donde también ha sido muy importante conocer mi pasado. Así que el hecho no es que el que estudie arte va a ser artista y el que no estudie no, así pasa en todas las carreras, así que es la convicción y el deseo que tengas de hacer algo lo que te va a llevar a hacerlo.

Obra Angélica Teuta NC: En sus instalaciones siempre está presente la idea de ofrecerle un espacio de tranquilidad al espectador. ¿Esos son los espacios que a usted le generan tranquilidad?

AT: Sí, son espacios de tranquilidad, pero son creados así para hacer una crítica. En mis instalaciones siempre está presente lo que digo y lo que no, lo que se ve y lo que no. Yo genero un espacio natural a través de lo artificial y la idea es que si la gente se siente cómoda también se pregunte porque es artificial, que se cuestione sobre ese paisaje. Por otro lado, yo preferiría ir a un bosque brasilero de verdad antes que estar en mi instalación, pero de eso se trata, de que la gente recapacite un poco sobre esta claustrofobia y sobre cómo se relaciona con otros en un espacio específico.

NC: En algunos casos el entorno en el cual vive un artista lo conduce a que haga lo que se ha llamado “Arte comprometido”. ¿Qué opina del arte rotulado con ese nombre, y cómo se ve reflejado esto en su obra?

AT: Yo creo que todo arte es comprometido, solo que unos son muchos más obvios y más estrictos. En mi caso, esa idea de ser artista y poder mostrarle mi trabajo a un público, me genera una responsabilidad social, y esa responsabilidad no necesariamente tiene que estar enmarcada en que “voy a ayudar a este grupo de personas…”. Para mí esa responsabilidad social se genera a nivel intelectual, a nivel de pensamiento. Lo que yo ofrezco son espacios para que la gente pueda encontrar su propio pensamiento, espacios de reflexión, es como lo que te hablaba de la idea de realidad y percepción, que es muy diferente en cada persona y ahí no existen restricciones, cada quien puede creer lo que quiera. Hay gente para todo y así mismo debe haber arte para todo. Es como cuando hubo una época del arte por el arte, que no se dio por capricho, se dio por desligarse de otro tipo de cosas. O como cuando llegó la fotografía y le quitó un montón de trabas a la pintura. En mi caso, suelen decir que mi obra se puede ver en un contexto global dentro de ciertos referentes nórdicos, o españoles, que trabajan con lo mismo. Yo siento que mi obra sucedió porque yo vivía en ese contexto global, estando acá en Bogotá. La claustrofobia, el urbanismo, el anhelo por el exterior… son temas globales, pero particulares en Bogotá y yo le permito a la gente espacios para encontrarse con esa realidad, con esos pensamientos. Ahí hay un compromiso. ObraAngélica Teuta 6(72) NC: ¿Qué opina del papel de los espacios y galerías alternativas, cómo cree que están funcionando actualmente y cómo influyen en los artistas?

AT: Yo digo que cualquier medio de difusión es buenísimo, incluso la mala publicidad. Yo lo aprendí, porque la mala publicidad hizo que la gente me conociera, con la mala publicidad a la gente le da curiosidad por buscar, y así llega a la obra…

NC: ¿Qué mala publicidad le hicieron?

AT: En la primera residencia que yo me gané había una jurado a la que yo le había trabajado como asistente tiempo atrás (claro, yo no sabía quiénes eran los jurados) y un artista que no ganó como que se rayó, no sólo conmigo sino con todos los que escogieron, y empezó a hilar historias, y dijo que nosotros habíamos ganado el premio por rosca. En todo lugar hay roscas, pero lo que yo digo es que como Bogotá es tan chiquita todos nos conocemos. Bueno, ahora es más difícil, precisamente porque hay más espacios, estímulos, premios y convocatorias, cosa que es muy necesaria, porque el artista por más que sea bueno o se dedica a la obra, o se dedica a publicitarse, lo primero es fundamental y en lo segundo el papel que cumplen los espacios alternativos es muy importante.

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Foto: Sebastián Camacho

NC: ¿Qué opina del mercado del arte en Colombia?

AT: En términos mercantiles, ser buen artista no incluye ser un buen vendedor. No tengo conocimiento de los números de las ventas del arte en Colombia, pero de lo que me he dado cuenta viajando, por lo menos a nivel latinoamericano, en Estados Unidos y Canadá, es que el arte colombiano joven está muy bien visto, de hecho se dice que es de los más serios que existen; eso no incluye que sea en ventas, y no es necesario, porque ese es solo un ítem de los que hay en arte. Los mercados del arte también tienen que ver con factores políticos y económicos, por eso hubo un tiempo en que el arte chino era muy bien vendido, como respuesta a su poder económico y político. Lo mismo pasa con Brasil y Argentina, que también son países muy fuertes económicamente y están mandando la parada en el arte.

NC: Hay un fenómeno contemporáneo del mercado del arte que ha logrado trascender a nivel mundial: Damien Hirst. ¿Qué opina de casos como éste y cuál su opinión de él como artista?

AT: Como artista me parece malo. Damien Hirst representa eso, un fenómeno, él se pilló la vuelta de: arte=mercado=economía, y es a lo que está jugando. En su obra habla de economía y lo sabe hacer, él es un buen economista dentro del mundo del arte. Pero eso solo es un tipo de artista. Yo miro el arte contemporáneo como miro las disciplinas. Hubo un tiempo en la historia en que una sola persona era filósofa, literata, artista y matemática al mismo tiempo, y lo que sucedió luego fue que dividieron las disciplinas porque decían que era mucho mejor para poder profundizar en cada una de ellas y en el arte contemporáneo sucede lo mismo, el arte se abre totalmente al mundo, a la globalización, y lo que hace el arte es que le dice a cada artista: Mira, tú tienes el derecho de meterte en lo que se te dé la gana, y por eso existen artistas interesados en tantas cosas; a Hirst le interesó el mercado, pero existen otros artistas a quienes les interesa más lo social. Para el caso de Colombia, hubo un momento en que los artistas estaban interesados en la crisis política del país y se concentraron en desarrollar eso, pero ahora que viene toda la globalización y el internet a romper barreras, se nota que a cada artista le interesan cosas diferentes. Por ejemplo, yo no vengo de una cultura catolicista, vengo de otras fuentes y ahí se ve reflejado en la obra.

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“Bosque para espacio interior”, Angélica Teuta, 2009

NC: ¿Cuál es el periodo de la historia del arte que más le gusta? ¿Hay alguno con el que se sienta particularmente identificada?

AT: Me acordé de Midnight in Paris, la película de Woody Allen, en donde siempre decían que la época pasada era mucho mejor y yo no estoy de acuerdo. Uno vive donde tiene que vivir. Pero por mi trabajo, me gusta el siglo XIX porque a nivel del arte fue cuando hubo un vínculo entre arte y ciencia. Se descubrió la fotografía, el film, los artistas eran como magos que se conectaron con los científicos para hacer teatros fantasmagóricos y muchas otras cosas increíbles. Mi obra viene mucho de ahí, yo estudié todos esos mecanismos y máquinas para poder hacer lo que hago ahora.

NC: ¿Qué es arte contemporáneo para usted?

AT: Para mi arte contemporáneo es arte multidisciplinar, yo lo entiendo más en esa medida. Obviamente, el arte contemporáneo se ubica en la historia después de las guerras europeas y después del arte moderno, pero para mí es donde el arte se abre a todas las disciplinas y es capaz de meterse en cualquier campo.

Obra Angélica Teuta 4 (72)NC: ¿Qué consejo le daría a las personas que actualmente se están formando como artistas?

AT: Lo primero es definir los gustos y saber qué es lo que realmente quieres. El hecho de que estudies arte no necesariamente significa que debes ser artista; puedes meterte dentro de muchas corrientes vinculadas con el arte y cuando sabes lo que te gusta puedes empezar a explotarlo, porque todos tenemos una minita de oro adentro, solo que hay que encontrarla para poder explotarla.

NC: Y en conclusión ¿Qué es arte para usted?

AT: La pregunta más abierta del mundo. No sé, nunca lo he definido… el arte termina siendo como la idea tao, es el todo y es la nada, creo que tiene que ver mucho como con eso. Al fin y al cabo uno ve arte donde quiere ver arte, por eso no estoy interesada en sentenciar esa palabra tan bonita.

 

Bogotá, 17 de abril de 2013

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